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miércoles, 11 de junio de 2014

Noche de ciencia ficción en Murcia. 12 de junio en la librería Diego Marín Pedro Pujante, Abel Bri, Pedro Amorós, 2099...

Noche de Ciencia Ficción en Murcia organizada por Ediciones Irreverentes. Jueves 12 de junio, desde las 19 horas. Se presentan tres libros de Ciencia ficción en Murcia, en la librería Diego Marín, C. Merced, 25: jueves 12 de junio, a las 19 horas.
 
     Ejerce de presentador el escritor murciano Pedro Amorós
     Los libros son:
-El absurdo fin de la realidad, del murciano Pedro Pujante http://www.edicionesirreverentes.com/2099/PedroPujante.html
-2099-B, antología con ambos autores y con Elia Barceló, José Luis Garci, Miquel Barceló, Eduardo Vaquerizo, Félix Díaz y el murciano Francisco Javier Illán vivas, entre otros. http://www.edicionesirreverentes.com/2099/2099B.html

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De qué tratan los libros

El absurdo fin de la realidad cuenta la inminente llegada de un ovni a un pueblo mediterráneo y la preparación de sus habitantes para recibir a los visitantes alienígenas. El narrador relata cómo prepara un discurso de bienvenida para los extraterrestres, salpicando anécdotas, reflexiones sobre literatura, filosofía, cine, humor, necrofilia romántica y chascarrillos vecinales a partes iguales. Pero a medida que el día de la llegada del platillo se acerca, las cosas se complican. Fenómenos extraños comienzan a ocurrir en el pueblo: saltos en el tiempo, aparición de misteriosas puertas que comunican con otras dimensiones, visiones estrambóticas y un final delirante e inesperado que dará un giro a toda la novela hasta convencernos de que la realidad no es más que un espejismo, un teatro del absurdo. ¿Una sátira de Bienvenido, Mister Marshall en la España de un futuro probable que sigue siendo la misma? Algo de ello hay. Metaliteratura con Camus, Dostoievski, Kafka, Quentin Tarantino, Keats, Coleridge, Shelley, Byron y muchos más genios de la pluma que conforman el universo paranoico de nuestro protagonista. El absurdo fin de la realidad es la obra ganadora del I Premio 451 de Novela de Ciencia Ficción.

Pedro Pujante (Murcia, 1976). Ha publicado los libros Hijos de un dios extraño, Espejos y otras orillas, Déja-vu —Premio Latin Heritage Foundation 2011— y ha participado en diversas antologías. Actualmente escribe una columna en el periódico La opinión de Murcia y ejerce la crítica literaria. Entre sus premios cabe destacar: I Premio Internacional de relato Marcelino Menéndez; Finalista I Premio de Relato corto Ciudad de Torrevieja; Finalista I Concurso Microrrelatos Acen 2011.

Ander. Un muchacho a quien conocen como Rana nos cuenta la extraña historia de su vida, que comenzó a cambiar cuando conoció a su nuevo compañero de habitación, Ander. No se trata de dos estudiantes, sino de dos aprendices de asesinos. Ambos están siendo adiestrados en un planeta de condiciones extremas cuyo único fin es formar al ejército de asesinos más eficiente que haya existido jamás. Su adiestramiento se basa en la selección natural, en que los más fuertes sobreviven. Sin embargo, aunque en este lugar nadie les enseña la amistad, ni el amor, estos sentimientos terminarán apareciendo como una parte más de la esencia humana, aunque tendrán que esconder sus debilidades, sus lazos emocionales, al menos, hasta que logren salir del planeta Gliese 581D, también conocido como Dante. Ander, de Abel Bri, es la novela finalista y Mención Especial del jurado, del primer Premio 451 de novela de Ciencia Ficción, entre obras de 24 países. Obra inspirada por Dune, pero cercana a la más vanguardista ciencia ficción, la historia está construida sobre un héroe humano e imperfecto, pero admirado y venerado por cuantos le rodean. ¿Cyber punk, afterpunk, distopía post-industrial, literatura catastrofista? Que el lector decida.

Abel Bri (Elche, 1980) Licenciado en periodismo y profesor de Lengua y Literatura. Ha publicado las novelas Surcos en el alma y la trilogía Crónicas del fin de un mundo. Ha participado en diversas antologías, entre ellas 2099, en la que Ediciones Irreverentes ha seleccionado la mejor ciencia ficción actual en español, junto a autores de España, Venezuela, Brasil, Chile, México, Cuba, Costa Rica y Argentina.

2099-b reúne la mejor ciencia ficción creada en español en los últimos años: treinta autores de España, Venezuela, Brasil, Chile, México, Cuba, Costa Rica y Argentina. Tras el gran éxito de la antología 2099, número 100 de la colección de Narrativa de Ediciones Irreverentes, la editorial ha creado una colección dedicada a la ciencia ficción, que se abre con 2099-b, y que pretende no sólo mostrar la ciencia ficción actual, sino también recuperar el espíritu de las revistas y fanzines pioneros de la ciencia ficción y de aquellos cómics de ciencia ficción que desde España llegaron a todo el mundo. 2099 y 2099-b son el inicio de una serie de antologías que tratarán este género literario desde todos los puntos de vista posibles. En este libro, cuya edición literaria ha corrido a cargo de Francisco Elia Barceló, José Luis Garci, Miquel Barceló, Eduardo Vaquerizo, Félix Díaz, Gustavo Prieto, Abel Bri, Fernando López Guisado, Miguel Gª Oliver, Antonio Ayala Castejón, Gonzalo Lozano Rosch, Cristóbal Sánchez Morales, José Luis Caramés Lage, Iratxe Celaya Salvatierra, Raymond Mora Espinosa, Pedro Pujante, Juan Vivancos Antón, Nora Ibarra, Alfonso Villar Guerrero, Francisco Javier Masegosa, Elena Marqués, Laura Quijano Vincenzi, Francisco José Segovia Ramos, Sergio Gaut vel Hartman, I.C. Tirapegui, Teófilo Huerta, Irel Faustina Bermejo, Erick J. Mota y Joseba Iturrate. El fin de la civilización, la lucha conservadora contra los avances científicos, viajes espaciales contados en años-luz, desastres, encuentros entre distintas civilizaciones, seres humanos perfeccionados, son el eje central de esta antología que reúne lo mejor del ingenio hispano.

sábado, 29 de marzo de 2014

Filósofos de las fantasías, artículo de Pedro Pujante

Al igual que en todas las parcelas o manifestaciones del arte y la cultura, las corrientes literarias, como un oleaje eléctrico y caprichoso, van y vienen sin que fácilmente podamos predecir el azaroso acontecer que les aguarda. En este vaivén a través del tiempo se desplaza una nave singular que, desde que se materializase allá por el siglo XX, todavía no ha abandonado su singladura por el cosmos literario. Nos referimos a la Ciencia Ficción (CIFI). Subgénero literario que podría calificarse de ficción o fantasía que incluye viajes en el tiempo, tecnologías imposibles o sofisticadas, exploración del futuro o personajes y ambientaciones extraterrestres.
Si bien es cierto que autores visionarios del siglo XIX, de la talla de Julio Verne o H.G. Wells, impulsaron el género hasta cotas astronómicas de popularidad y prestigio (aquél, a través de una disimulada alegoría político-social y éste con un marcado acento científico y especulativo) no sería hasta los años veinte cuando adquiriría el estatus de género en sí mismo. En 1926, aparece por primera vez el término ´Science Fiction´ en la revista Amazing Stories que publicaba Hugo Gernsback.
Pero si decidimos viajar en al pasado y rastrear los primeros gérmenes de esta literatura de especulación científica hallaremos precursores de este subgénero tan peculiar. En el siglo II Luciano de Samosata (Samosata, Siria, 125/181 d.C.) escribió un cuento titulado Historia verdadera en el que se detalla un disparatado viaje a la luna de un modo irónico y desenfadado pero que ya asienta lo que llegaría a ser una constante en la literatura fantástica: la preocupación por el mundo extraterrestre, los viajes estelares y descripciones de, en este caso, los selenitas y sus costumbres. Otro autor, abuelo de la CIFI, es Cyrano de Bergerac (París, 1619/Sannois, 1655) que en el siglo XVII firmó un extraño libro titulado L´autre monde (El otro mundo) en el que nos narra un viaje a la Luna y otro al Sol. En definitiva, y a pesar de su evidente intención de mostrar su filosofía materialista y hacer una crítica de su sociedad, no deja de ser un antecedente claro de la literatura de viajes espaciales.
La crítica, con respecto a las dos obras anteriores, se muestra dividida. Si bien a la luz de algunas teorías que consideran la CIFI como una literatura de anticipación con elementos principalmente científicos y plausibles, estos textos faltos de rigidez estarían fuera del espectro de la vertiente más pura del género. No obstante, sí que aplicando el término en un sentido más amplio y recogiendo todo aquel trabajo literario que contemple una ficción fantástica en la que otros mundos y seres son descritos o propuestos, estos proto-autores, junto a otros como Mary Shelley, podrían ser incluidos en la nómina de ´Maestros del género´.
Ya en el siglo XX la naturaleza dúctil del género en particular, y de la propia literatura en general, abrirá el camino a diferentes y variadas ramificaciones de otros subgéneros, tales como el steam-punk, cyberpunk o el diésel-punk, imposibles de abarcar en este artículo. Aparecerán los más dispares relatos fantásticos, la fantasía épica o de aventuras de toda índole que entremezclan elementos, técnicas narrativas o argumentos que difícilmente seríamos capaces de clasificar de un modo satisfactorio. Autores de prestigio como el soviético Zamiatin, los británicos George Orwell o Aldous Huxley, que se valieron de los mecanismos de la CIFI para dibujar un futuro regido por un racionalismo feroz; o escritores del mundo hispano como Bioy Casares que, en La invención de Morel narraba una historia de amor imposible aderezada con una tecnología fantástica, encumbraron la CIFI y le dieron el estatus de literatura de calidad. Otros autores propiamente de CIFI como Ray Bradbury, Philip K, Dick, Asimov o el gran Stanislaw Lem alcanzarían las cotas más vertiginosas de la literatura de CIFI, establecerían sus bases y asentarían los cánones de una literatura de Ciencia Ficción que todos conocemos hoy día.
En los años 70, debido a los avances de la época (el hombre pisa la Luna en el 69) o al éxito de películas como Star Trek o Star Wars, el género experimentaría un auge nunca antes visto. No solo en el más influyente mundo anglosajón. También en la entonces llamada URSS, en Japón o en España. En nuestro país el género se hace notar. Aparecen fanzines como Nueva Dimensión y autores de la talla de Domingo Santos, padre español de la CIFI y promotor de variados proyectos editoriales y literarios de ciencia ficción. Entre estos proyectos se hallan varias antologías de autores españoles, hoy día, tristemente olvidados, como Sebastián Martínez o Ángel Torres Quesada cuyos relatos y novelas son pequeñas joyas y paradigmas de una literatura que se ha desarrollado al margen del stablishment. De hecho, no conozco autor de ciencia ficción que se halla alzado con el Cervantes, el Nobel (a excepción de Doris Lessing, quien firmó al menos una novela de este género) o el Goncourt. Bien es cierto que hay premios específicos para obras de CIFI, terror o fantasía, pero no encuentro razones para que autores como Ray Bradbury o Stanislaw Lem no hayan recibido un reconocimiento internacional más allá del género en el que se inscriben de forma reduccionista sus complejos artefactos literarios.
Al comienzo de este artículo señalábamos que la ciencia ficción oscila en el pendular imprevisible de la historia de la literatura. Y hoy día se aprecia un ligero repunte en el interés del gran público por el consumo de historias de CIFI. Uno de los indicadores de este ´germinar´ se encuentra en las salas de cine y en la masiva producción de filmes que proliferan, tanto de gran calidad, como de marcado sesgo comercial y destinados a un público juvenil y de exigencia cuestionable
Futuristas entregas (muchas veces, precuelas) que recuperan las antiguas sagas de Star Trek o viejos títulos como la reciente revisión de Robocop; nuevas distopías cargadas de efectos especiales y protagonizadas por estrellas de Hollywood; subgéneros como la zombimanía que se entremezclan con la más pura fantasía futurista en apocalípticos escenarios de contaminaciones a escala mundial (recientemente Guerra Mundial Z o la ya clásica y tan revisada El último hombre vivo que tuvo su último remake en Soy leyenda, retomando el título original del prolífico
Matheson). En definitiva, trazas del creciente interés por la ciencia ficción que está mostrando el público, un interés que de algún modo tiene su repercusión en el ámbito literario en un proceso de simbiosis en el que cine, literatura y videojuegos se retroalimentan a gran velocidad.
A esto hay que añadir el crepitar que se siente en los sellos editoriales: algunos como Dolmen que mantiene una línea en exclusiva para el cosmos de los zombies, y otras empresas más recientes como la nueva Oz Editorial, los sellos Omicron de Roca, Fantascy de Random House o Ediciones Irreverentes que se arriesga con la línea 2099 en un vigoroso intento de rescatar el espíritu pulp del pasado siglo así como el de las míticas revistas españolas pioneras, Nueva Dimensión, o la más reciente Scifiword.