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sábado, 2 de abril de 2016

Relato de Félix Díaz: 24 de Sha'ban del 1422 de la Hégira

Carlos apuntó la fecha para el trabajo de historia. Su profesor, Ibn-Jaliff exigía que siempre escribiera la fecha de cualquier trabajo. Y tenía que ser aquella en que se realizaba, que él luego comprobaba.
Así pues, Carlos apuntó en el documento que estaba creando en su portátil «24 de Sha'ban del año 1422». Como cristiano, y por tanto perteneciente a una religión minoritaria, estaba obligado a usar la cronología oficial de la Hégira, y no el calendario gregoriano que usaban en casa.
El Colegio Yebel-al-Tariq tenía buenos recursos informáticos para el uso de los alumnos, y Carlos los aprovechaba bien. Allí, en el aula de ordenadores, podía usar la gorra y no el turbante que llevaban los musulmanes por la calle, y que Carlos aborrecía por ser caluroso.
Bueno, ya tenía la fecha y el título del documento «Historia de al-Ándalus, por Carlos Jiménez».
Empezó a escribir. Los detalles de la llegada de los musulmanes al reino visigodo los tenía bien claros. La derrota del rey Rodrigo a manos de Tariq ibn Ziyad y la progresiva toma de toda la península por parte de Musa ben Nusayr, su jefe.
Abd el-Aziz, hijo de Musa, consolidó la conquista de casi toda la Hispania, hasta que Omar II decidió suspender la conquista. Quedó el reino de Asturias y una parte, al sur de los Pirineos, bajo el control del Imperio Carolingio.
En Asturias, el noble Pelayo se sublevó, pero fue capturado, luego ejecutado y su cuerpo, crucificado fue enviado a Asturias como aviso para los rebeldes. Éstos lo volvieron a intentar en Covadonga, pero fueron ferozmente reprimidos por las tropas del califa Munuza.
Las tropas del califato, a pesar del enorme gasto que ello supuso, prosiguieron su avance en las montañas hasta llegar el mar Cantábrico. Los astures tuvieron que elegir entre la conversión al Islam o la muerte, como ya había sucedido con otros pueblos cristianos rebeldes.
En cuanto a los carolingios, mantenían la Marca Hispánica bajo su control. Tras el éxito en Asturias, las tropas árabes se enfrentaron a los francos con éxito; el dominio del califato se extendió por todo el sur de los Pirineos.
Carlos prosiguió con su redacción. Narró la incursión de Carlomagno, pretendiendo recuperar la Marca Hispánica, y su catastrófica derrota en Roncesvalles. La guerra entre el califato y los francos perduró hasta la muerte del emperador. Su hijo Carlos, quien heredó las tierras al sur de los Pirineos, nunca pudo tomar posesión de las mismas. Acabó sus días en Zaragoza, encerrado en las mazmorras.
Consolidado el control de toda la península, las incursiones hacia tierras francas, ya en tiempos de Carlomagno, fueron infructuosas. Por fin, muerto Carlos, el hijo del emperador franco, se llegó al acuerdo de Aquisgrán por el que el Califato se comprometía a mantener las fronteras entre el río Bidasoa y el cabo de Creus.
La historia de Europa, desde entonces, se centró en sus problemas internos. La caída de Jerusalén supuso que las cruzadas se orientaran hacia oriente y nunca hacia el sur, y aunque así se propuso más de una vez desde Roma, el Oriente atraía más a los caballeros feudales que la Hispania al sur.
Hacia el año 316, el emir de Córdoba, Abd al-Rahman III proclamó el Califato, declarándose independiente. Desde ese momento fueron muchos los devenires históricos: la descomposición en los reinos de taifas, las invasiones desde el sur de los almorávides y luego almohades, la sucesión de califas fuertes y débiles en Córdoba, la fundación de la capital en Madrid, huyendo de las luchas intestinas en Córdoba. Esta ciudad se eligió por su localización central, cercana a la antigua capital cristiana de Toledo y más adecuada para el control del norte levantisco. La capitalidad en Madrid fue clave para la separación del poder religioso, pues el califato siguió centrado en Córdoba.
Por otro lado, el 19 de Dhu'l-Hijja, los barcos procedentes de al-Ándalus descubrieron las tierras del Oeste, Gharb al-Ard, el continente que fue luego llamado América por los cristianos. Esa fecha se correspondía con el 12 de octubre de 1492 por el calendario gregoriano, el que seguían las naciones cristianas de Europa. Laconquista de Gharb al-Ard ya no entraba en el trabajo de Carlos. Pero él esperaba tener ocasión de hablar más adelante en otro trabajo de historia. Cómo las naciones cristianas conquistaron el norte del continente, mientras los hispanos dominaron las partes central y sur.
Pero había algo que sí interesaba para el trabajo presente. El oro proveniente de Gharb al-Ard sirvió para que Hispania, o al-Ándalus, comprara las voluntades de muchos reyes cristianos, quienes prefirieron dejar la península como territorio musulmán, en paz. La cultura hispana sirvió de referente para el Renacimiento Europeo y así una de las primeras democracias fundadas en Europa fue la República Federal de Hispania.
Carlos siguió con su trabajo. Las guerras entre los reinos cristianos de Inglaterra y Francia y al-Ándalus, los acuerdos con Roma, la independencia de las colonias americanas, promovidas por los ingleses y franceses, y por fin la entrada de Hispania en la Unión Europea, olvidándose siglos de luchas religiosas. 
Volvió a su casa con el archivo impreso. Su padre estaba viendo la televisión. Justo cuando Carlos entraba, dio un grito.Carlos llegó a tiempo de ver en la TV cómo un avión se estrellaba contra una de las Torres Musulmanas, los mayores edificios del mundo, situados en Nueva York.
Aquello parecía un atentado de los integristas cristianos. Carlos se fijó en la fecha gregoriana, 11 de septiembre del 2001.

lunes, 24 de agosto de 2015

Blei Raneh, relato de Pedro Pujante

Transcurre el minuto 54 de la película.  Rick Deckard, (o sea, Harrison Ford cuando era joven), persigue a un Nexus-6 (o sea, un androide. Que en este caso es una mujer hermosa vestida con un impermeable transparente de plástico) por una caótica y  posmoderna ciudad de luces de neón.
            Es de noche y la lluvia es turbia, negra.  Pero la gente posmoderna (extras de Hollywood)  de la ciudad caótica sale a la calle con sus paraguas de plástico y sus ropas de látex posmodernos. Todo es de plástico; seguramente la pistola con la que Deckard intenta matar (ellos lo llaman eufemísticamente retirar) a la chica-robot también es de plástico. Ella huye despavorida por entre los coches. Se le interponen viandantes y los esquiva con habilidad de acróbata. Deckard apunta con su pistola de plástico pero la cercanía de la gente le impide acertar el disparo, los extras están ahí para eso, claro.
La chica, también llamada Replicante se estrella contra un escaparate y los cristales convierten la imagen en una escena de primer día de rebajas steampunk. Deckard vacía el cargador contra su espalda. La cristalera revienta en mil pedazos que flotan en el aire a cámara lenta mientras la chica robótica de desploma, muerta, desconectada. Pero en ese mismo momento, Deckard siente que algo no va bien. Un escalofrío y un sentimiento de extrañeza se apoderan de él. Olvida por unos instantes a su presa (que sigue cayendo al suelo en slow motion, acompañada de los vidrios, al ritmo de la melodía de una trompeta de jazz). 
Harry (o Deckard) mira a su derecha y en un ángulo muerto de las cámaras observa una ventana rectangular a pocos metros de altura. Tras el cristal advierte una silueta humana. Siente que un temblor le hace estremecerse. Es lo último que se esperaba en una situación tan repetitiva y previsible para él. Miles de veces había realizado esta misma persecución, en cines de barrio o en hogares, con grupos de amigos frente al televisor con sus DVDs caseros. Siempre en el minuto 54 de la película. Sin variaciones. Era su escena favorita, de hecho, y siempre la realizaba de la misma manera. De forma idéntica, como  un buen profesional. Pero esta vez algo falla. Esa ventana nunca había estado allí. Ese personaje (que seguro es un Replicante asesino) no aparece en el guión. Mira fijamente a la ventana y olvida su escena de la chica robot desvaneciéndose. Su misión es retirar Replicantes, así que, sin pensárselo dos veces, arremete contra el enemigo. ¡He aquí un actor de método, que se mete en el papel, que es capaz de improvisar! Emprende la carrera a la vez que intenta cargar la pistola. A medida que se acerca puede observar que el replicante le mantiene la mirada desde el otro lado de la ventana. Advierte que en sus manos porta un arma y le está apuntando a la cabeza. No hay duda alguna. Aligera el paso. Pone cara de circunstancia y aprovecha que la escena es todavía a cámara lenta para dar mayor efectismo y carga dramática a sus gestos, mientras trota. Primer plano, cara compungida, pistola empuñada.
Cuando tiene la ventana a unos pocos metros se lanza contra ella de cabeza. Atraviesa el cristal apuntando con su arma al villano. Pero la pistola se encasquilla, es de plástico. Su oponente es todo sorpresa. No se esperaba el ataque. Deckard abre los ojos tras el batacazo. Su caída ha sido amortiguada por  un viejo sofá de color butano con cojines estampados a juego. El presunto androide es un tipo gordo, sin afeitar, con camiseta de tirantes que lo mira con ojos de desconcierto. En su mano derecha no porta un revólver. Sostiene un mando a distancia. En la otra, estruja una bolsa de patatas fritas. Tiembla de miedo. Deckard, o sea, el joven Harrison Ford,  se levanta y comprueba la situación. Ha atravesado un televisor de plasma y ha llegado al interior de una sala de estar. Hay una lámpara, botes de cerveza, algunas fotos y una tele rota. Y cristales alfombrando el suelo.
-¡Dios mío, mi plasma nuevo! Yo sólo pretendía cambiar de canal.
- Creí que me apuntabas, se excusa, casi hablando para él mismo. Es lo malo del 3D, lo siento.

 Sin levantarse del sofá guarda su arma dignamente y se rasca la cabeza. No se le ocurre qué añadir. Hay veces en las que es mejor ceñirse al guión.
                                                                                                  Pedro Pujante

El absurdo fin de la realidad, de Pedro Pujante http://www.edicionesirreverentes.com/2099/PedroPujante.html    publicado por Ediciones Irreverentes

viernes, 23 de mayo de 2014

Carpaccio, relato de Abel Bri

Ladislao acababa de ser nombrado ministro y, para celebrarlo, los compañeros lo convidaron a un afamado restaurante. Ladislao se maravilló al posar el carpaccio sobre su lengua. Jamás había probado bocado tan jugoso. Exigió el secreto de la delicia y lo condujeron a la cocina. Cuando volvió, su rostro era un poema de Baudelaire. ¿Qué sucede, Ladis? Preguntó un colega. He visto cómo cortaban el pedazo de carne cruda de un ser humano. No te hagas ahora el puritano, no será la primera vez que comes carne humana. No, pero es la primera vez que veo cortar un filete a un humano vivo. Además... la chica era hermosa.
 
 

Alma de neón, relato de Pedro Pujante


Suelo llegar a primera hora. Las chicas esperan siempre con una hermosa sonrisa comercial y con  las piernas abiertas señalando la dirección exacta al paraíso. Las prostitutas humanas son imperfectas pero las prefiero. Las rameras androides, en cambio, son mejores en la cama aunque el olor a hierro caliente y su voz metálica como de portero automático son repugnantes. Hoy pagaré un poco más. Deseo oler el sudor,  acariciar la piel, la enfermedad. Quiero sentir la piel y el coño. Además, dejaré propina. Las compenso. Sé que es duro para ellas tener que hacérselo con un maldito robot como yo.

El absurdo fin de la realidad, de Pedro Pujante, en http://www.edicionesirreverentes.com/2099/PedroPujante.html 
Para leer más textos de Pedro Pujante http://pedropujante.blogspot.com/

jueves, 22 de mayo de 2014

Relato de Félix Díaz: Encuentros en la tercera fase

Arnold paseaba a su perro por el parque cuando aterrizó el platillo. Sintió que la emoción le embargaba: ¡un encuentro en la tercera fase! ¡Contacto con extraterrestres!
Ambos se acercaron a la nave espacial.
            Se abrió una puerta circular, parecida a un esfínter. Dentro, sólo se veía oscuridad.
            Se iluminó el interior. Brotó una rampa que llegó hasta la verde hierba. Salieron dos alienígenas. No llevaban cascos. Se quedaron mirando a los terrestres.
            —¡Terrícolas! —dijo uno de ellos—. ¡Nos sentimos complacidos al ver gente como nosotros en este planeta.
            —¡Yo también me alegro de conocerlos! —respondió Arnold.
            —Disculpe, criatura —replicó el ET—. Yo le hablaba al otro ser.
            Sólo entonces, Arnold cayó en la cuenta de que los extraterrestres andaban a cuatro patas, estaban recubiertos de pelo y tenían un hocico prominente.
Igual que Senior, su perro.
 
Para leer su novela cifi TITANES, entra en http://www.edicionesirreverentes.com/2099/TITANES.html 

viernes, 9 de mayo de 2014

Diesel Punk, relato de Eduardo Vaquerizo, publicado en la antología 2099-b, de Ediciones Irreverentes

—Motores diesel, desafio a la autoridad y juventud gamberra, ¿eso es el dieselpunk?
            -—Sí, algo así. Se trata de crear un mundo diferente al actual suponiendo que haya habido un cambio radical en nuestro pasado, un suceso histórico e incluso un avance científico tal como un motor movido por diesel. Luego hay que contar una historia en ese mundo, algo que lo trascienda de algún modo.
            -—Lo de punk lo veo, pero ¿Qué es el diesel?
            —-Ah, eso es lo mejor. Es un líquido que se obtiene del refino del petróleo. Se puede usar en un motor de combustión interna.
            —-Como propuesta estética lo veo bien, pero ¿qué incómodo, no?
            —-Y peligroso. Es un líquido muy inflamable, el manejo puede ser problemático. Imagínate un choque de vehículos, sería un desastre.
            -—Desde luego. Veo bien esos ejercicios intelectuales, pero como el carbón no hay nada. Anda echa un poco más que llegamos tarde a la tertulia.
            —-Cuidado, vas demasiado rápido. Las calderas fresnadilla son muy sensibles a las grietas por calentamiento desigual, se rajan de arriba a abajo. He visto muchas así en el taller.
            —-Bueno, tu serás ingeniero pero yo llevo toda la vida con los chasis Gomeznarro de caldera abierta y jamás me ha pasado algo así.
            —-Has tenido suerte.
            Los dos amigos se aplicaron a echar carbón de modo controlado en el horno situado en la panza del vehículo. Un cuarto de hora después, cuando estuvieron contentos con la presión del vapor, se encaramaron en la alta estructura y aceleraron hasta incorporarse en el humeante flujo del tráfico. A esa hora de la tarde, las calles de Madrid estaban saturadas de modernos vehículos movidos por la energía del vapor, capaces de transportar con seguridad a sus ocupantes a asombrosas velocidades de más de treinta km/h.
 
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Por unos Watt de más… relato de Erick Mota de la antología "2099" de Ediciones Irreverentes

Relato de Erik Mota extraído del libro 2099 http://www.edicionesirreverentes.com/2099/2099.html
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—¡Hey, usted! ¡Su carnet de identidad, por favor! —la voz del policía, modulada por los altavoces del casco, inundó la calle— ¡Y el suyo también, ciudadano!
Por un instante todos los peatones de detuvieron. El suceso duró apenas unos segundos. La llamada estaba dirigida a dos personas que llevaban una carretilla a toda prisa. Estaban a punto de desaparecer por una calle poco transitada cuando el policía los llamó. El hombre alto de la camiseta y el forzudo con la camisa abierta se detuvieron.
Pese a no tratarse de un policía de la brigada especial, la armadura personal de kevlar, el ancho escudo transparente y el bastón de estática constituían una amenaza igualmente aterradora. El policía era considerablemente alto, muy por encima del estándar, incluso si no hubiera llevado el equipo anti motín habría resultado impresionante. A paso lento el oficial se acercó a la carretilla.
—¿Qué llevan ahí?
—Nada, oficial. —dijo el alto—. Solo materiales de construcción.
—Eso, eso —añadió el fuerte agregando un tic nervioso a sus palabras—. Un poco de polvo de piedra y arena. Nada más.
—¿Ustedes se creen que yo soy bobo? —el policía alzó el bastón y tocó el saco con la punta. El sonido metálico llegó a todos por igual— ¿De cuando acá el polvo de piedra y la arena suenan así?
Ambos hombres comenzaron a sudar frío.
Ninguno de los hombres consideraba al policía una amenaza seria. Ni siquiera el bastón constituía un problema. En muchas ocasiones habían recibido golpes de estática. El escudo anti motín o la armadura tampoco era un problema. Aquel hombre uniformado y cubierto de kevlar no los intimidaba. Pero, desde la esquina, un artefacto colgado de un viejo poste apuntaba hacia ellos. Su forma era alargada como un fusil pesado. A su lado, una cámara panorámica escudriñaba la calle mientras todo el equipo se sacudía y apuntaba.
Un arma-robot.
La verdadera policía en las calles.
Equipos sin vida. Vigilantes de las calles y las aceras. Respondiendo solo a la lógica de sus fríos cerebros. Tenían todo tipo de municiones. Balas ordinarias, plásticas, perforantes, antiblindados, cañones de gel inmovilizante, espuma, granadas aturdidoras... de todo. Un verdadero arsenal usado según los designios de una Inteligencia Artificial patentada en Japón y ensamblada en China. Un policía incorrupto autorizado a emplear cualquier tipo de fuerza con tal de mantener el orden. La solución de la República Popular China contra la corrupción policial. Los famosos Guardianes de Beijing ya estaban en la Habana.
Y estaban todas locas.
Lo mismo les daba por tirarle a todos los frikis que la cogían con los grupos de personas a partir de determinado número primo. Disparaban a los negros y a los de pelo largo por igual. Unas veces les atraían las lentejuelas, otras las parejas o los tríos. Incluso le disparaban a los propios policías. Imprimían en sus registros la palabra “Corrupción”. Si el oficial sobrevivía al ataque quedaba fuera del servicio deshonrosamente.
Todos temían a los Tiradores Eléctricos.
La mayoría transitaba por calles vecinales donde no los habían instalado. O en las horas picos cuando las multitudes les impedían disparar. Un protocolo anti manifestaciones les impedía a sus retorcidos cerebros digitales disparar a mucha gente junta. “Cosa de las naciones unidas y los derechos humanos”,
La presencia de aquel Tirador Eléctrico era lo que ponía nerviosos a aquellos hombres, acostumbrados a lidiar con la infantería policial. Hábiles como eran en quitar bastones o encontrar con un punzón las fisuras en las corazas. Pero incapaces de luchar contra el francotirador mecánico en lo alto de un poste.
—Está bien, oficial —dijo el alto—. Es una balita.
—Repite que no te oí.
—Una balita, un contenedor de corriente. Pero no pensábamos hacer nada malo con ella.
—¡Por supuesto! —rió el policía—. No se puede hacer nada peligroso con una balita. O se vende o se usa. Pero ambas cosas son ilegales.
—Mire, guardia, denos una oportunidad —interrumpió el fuerte—. Un hermano nuestro tiene a su mamá enferma y necesita unos watts de más...
—¿De cuanto es?
—350.
 *
 —Una de 350 ¿te cuadra?
—Pues sí ¿a cuánto?
—Cien.
—¡Oye, afloja!
—Mira lo que dice la tapa.
Podía leerse claramente en alfabeto cirílico: Corporación sleva. 350 kilowatt. Manténgase alejado del calor y los campos radioeléctricos. El intermediario mostró dos colmillos de oro en una sonrisa  
—¿Ves? Esto es calidad.
—¿Dónde conseguiste esto?
—Rompiendo el bloqueo, compañero. De dónde lo saqué no importa. Son 350 kilowatt. ¿Te interesa, sí o no?
—Claro que me interesa. Esto en el barrio se vende como pan caliente. A nadie le alcanza para todo el mes la corriente que dan por la libreta.
 *
 —Eso no son unos cuantos watts de más —dijo el policía en tono grave—. 350 kilos son una buena cantidad de dinero en la calle.
—Mire, guardia —comenzó a decir el hombre alto—. Le voy a hablar claro porque hablando los hombres se entienden. Acá el colega y yo tenemos antecedentes por tráfico ilegal de corriente eléctrica. Si nos lleva ahora nos va a buscar tremenda complicación. Posiblemente no podamos ver la calle en un buen tiempo. Nosotros no hemos hecho nada malo, solo resolverle a la gente... No se lo pido como policía. Se lo digo de hombre a hombre.
Se hizo un silencio incómodo.
A unos metros el arma-robot se sacudió, impaciente.
—Está bien —dijo por fin el policía—. Pueden irse. Pero la balita se queda aquí.
—Pero, oficial... —comenzó a decir el forzudo pero su compañero le sacudió el brazo.
—¿Quieres que te cargue con balita y todo? —continuó el policía— ¡Andando, largo de aquí!
El fuerte comenzó a murmurar la frase: “¡Qué clase de descaraos son todos ustedes! Deberían comprar más corriente a los rusos en lugar de tantas armas robot a los chinos…” Pero el alto tiró de él y ambos se alejaron. El policía, por su parte, miró hacia atrás para cerciorarse de que el arma girara hacia otra dirección. Cuando estuvo fuera de su rango de visión guardó el bastón en su funda y sacó un teléfono celular del bolsillo. Apagó el circuito interno de comunicaciones y marcó un número.
—Oigo —dijo femenina desde el otro lado de la línea.
—Katia, soy yo.
— ¡Papi! ¿No estabas trabajando?
—Sí. ¿Estás en la escuela?
—Acabo de salir de clases, pero por la tarde tengo turno de Educación Física y un laboratorio.
—¿A qué hora terminas?
—Tarde.
—¿Podrías escaparte un minuto y venir hasta Infanta y Carlos III? Necesito que lleves una cosa para la casa.
—¡Papá! Estoy en la escuela…
—La universidad está ahí mismo, chica. Esto es importante
—¡No es justo!
—Katia, atiéndeme. Tengo 350 kilowatt de corriente en una balita. La acabo de decomisar y el arma robot me está mirando todo el tiempo. ¿Aún quieres quedarte leyendo hasta tarde?
—Sí. De no ser porque tengo un padre fascista que corta la corriente de toda la casa a las once de la noche.
—Lo hago porque no nos alcanza la que nos dan por la libreta. No podemos usar el soporte vital de tu abuela y la computadora al mismo tiempo. ¿Quieres más corriente? Ven aquí y lleva la balita para la casa. Educación física puede esperar.
—¿A quién se la quitaste?
—¿Y eso qué importa?
—A un infeliz de seguro. ¡Abusador como eres!
—¿Tienes idea de cuanto vale una balita de 350 en la calle? La gente se está haciendo rica con eso. Si no tuviera el uniforme tendríamos que comprarla en lugar de la comida. ¡Acaba de venir, niña!
—Si no tuvieras el uniforme saldrías por quinta avenida con un letrero de “Abajo la Revolución Energética”.
—Y terminaría preso. Déjate de boberías y ven a recoger esto. Yo no puedo moverme de aquí.
—Voy saliendo —y colgó.
El policía guardó el teléfono, puso el escudo en el suelo y se estiró. Lentamente sintió como le traqueaba la columna y la sensación de placer se apoderó de él. Pese al calor de la armadura, el sol de la calle y el pesado cinturón comenzaba a sentirse bien. Acababa de resolver 350 kilowatts, sumados a los 300 de la balita de su casa solo tendría necesidad de buscar 200 kilowatt en la Bolsa Negra. Con 850 kilos podía terminar el mes holgadamente, sin apagar el soporte vital de su suegra quien, contra todos los estereotipos, lo adoraba. Tampoco tendría que limitarle el uso de la computadora a Katia. Pensó en su hija, encaprichada en estudiar una carrera universitaria tan inservible como la Física Nuclear. Ya los rusos no eran los de antes, pensaba, como en los tiempos de su padre. Cuando ser un gran físico teórico te volvía importante. Aquello había quedado atrás con el Muro de Berlín. El viejo Daniel Sotolongo, descubridor del principio físico que hace funcionar las balitas, solo recibió la Orden José Martí. Después le dieron un Lada y mucho trabajo en el instituto. “Ese se va a morir solo” —pensó—. “Solo quiere a su Revolución y a su ciencia. Como no se ponga a botear con el Lada que le dieron se va a morir de hambre. Pero Katia no será igual. Que estudie física está bien, eso la hará más inteligente. Pero cuando se gradúe lo mejor para ella será una corporación.”
—Tengo que comprarle un ipod —dijo en voz alta mientras pensaba aún en Katia—. Bastante se esfuerza, la pobre.

lunes, 21 de abril de 2014

XV Premio Sexto Continente de Relato de Ciencia Ficción convocado por Sexto Continente y Ediciones Irreverentes

Tras el éxito que tuvo el X Premio Sexto Continente dedicado a la ciencia ficción y tras el feliz lanzamiento de la colección literaria dedicada a este género (http://www.edicionesirreverentes.com/2099/cifi.html) lanzamos un nuevo premio, dedicado a Rusia y la Unión Soviética  en la ciencia ficción.  Podrán participar autores de cualquier nacionalidad bajo las siguientes bases:

a) Relatos breves desde los 5.000 caracteres contando letras y espacios hasta los 9.900 caracteres totales.

b) Habrán de ser relatos que traten sobre temas de ciencia ficción relacionados con Rusia y la extinta Unión Soviética. Desde viajes espaciales a la conquista espacial, pasando por la guerra en el espacio o los primeros pasos de Rusia y la URSS en la carrera espacial o temas de crítica enmarcados en los distintos géneros conocidos de la ciencia ficción.

c) Serán relatos inéditos en España, escritos en español, independientemente de la nacionalidad del país del autor, libres de derechos de edición en España y de compromisos en otros premios. Dado que la antología en la que aparecerán los ganadores se publicará también en libro electrónico es necesario que los relatos tengan los derechos libros para esta modalidad de edición.

d) Los autores participantes pondrán bajo el texto del relato:
Su nombre y apellido (o apellidos), ciudad y año de nacimiento, correo electrónico, país, y -si han publico previamente- sus títulos publicados, con ISBN, y el título de las antologías en las que aparecen (en el caso de las antologías no es necesario indicar más de 3). Pueden añadir los premios ganados, pero no los premios en los que hayan sido finalistas.

e) Se establece un primer premio consistente en la publicación de la obra ganadora y las obras seleccionadas, en un volumen antología que estas obras junto a las de autores de primera línea en el ámbito de la ciencia ficción. Al ser un premio de carácter promocional sin fines comerciales ni lucrativos, no se pagarán derechos de autor.

f) Cada autor podrá presentar una única obra en Word. La enviará a sextocontinenteree@gmail.com con el título CIFI.

g) El plazo de recepción de originales comienza el día 24 de abril y expira el día 24 de mayo, a las 12h de la noche hora local de Madrid.

h) Ediciones Irreverentes formará un jurado compuesto por tres personas, que seleccionarán la obra ganadora y las finalistas.

i) La organización del concurso se reserva el derecho de entrar en conversaciones con autores cuyos relatos no sean ganadores pero se consideren con calidad suficiente como para ser publicados.

La participación en esta convocatoria implica la aceptación de sus bases y del fallo del Jurado.Más información en la web de Ediciones Irreverentes http://www.edicionesirreverentes.com