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lunes, 4 de abril de 2016

Entrevista a Adrián Tejeda por “Pangea”

P.- ¿Cómo es el mundo que describes en Pangea?
R.- Pangea es la historia de dos mundos bien distintos que acabarán confluyendo en un todo.  En el libro me sirvo de una gran metáfora que aparece ya en el propio título para expresar lo que quiero reflejar con la trama; un  viaje  en el que los dos mundos que yo imagino acabarán por colisionar, al igual que ocurrió hace miles de años  durante la formación del gran supercontinente conocido como Pangea.
Uno de estos dos mundos es  muy cercano a estos tiempos que corren (demasiado, diría yo), a pesar de que obviamente la hipérbole me permite alcanzar un ambiente lúgubre, decadente, sumiso, autoritario muy extremo, próximo a los arquetipos novelescos que me han servido de inspiración. Para ambientar esta parte, tomé prestada como referencia  física la de una ciudad emblemática para la cultura europea, que por otro lado, durante un período importante de la historia reciente, también sufrió los avatares de los regímenes autoritarios.  Estoy hablando de Praga, la cual adorné con mi particular velo distópico.
El otro es más lejano; hablamos de la zona más "caliente" del globo, allí donde tuvo lugar el origen de la civilización hace cinco mil años; Oriente Medio.  Fue en esa zona del planeta donde aparecieron las primeras ciudades Estado (como es el caso de Uruk, una referencia trascendental en mi libro), y donde la cultura empezó a dar sus primeros avances relevantes. Intenté imaginar qué hubiera pasado si en esa parte del globo (tan castigada últimamente por las guerras, por cierto), se hubieran dado unas condiciones especiales, y que como consecuencia de ello, los pobladores de esos lugares hubieran evolucionado de forma diferente al que finalmente lo hicieron. Con este planteamiento narro la historia de una cruzada en el que el protagonista principal emigra del infierno donde vive al paraíso añorado "del país entre los dos ríos", con un resultado totalmente inesperado para él, pero también para el lector. 

P.- ¿Crees que la ciencia ficción se ha convertido en un género literario idóneo para meditar sobre la realidad actual del ser humano?
R.- Sin duda alguna. La Literatura, a veces es el mejor cronista que existe del tiempo en el que vive un escritor. La ciencia ficción tiene sus particulares, y considero que este género  es de largo el mejor escenario posible para poder realizar una análisis detallado de las realidades del hombre,  ya que permite  esbozar su naturaleza de una forma imaginativa, empleando para ello figuras literarias que acerquen la historia a los lectores, que pueden buscar simplemente con su lectura el mero divertimento, pero por otro, contribuir también a aportar sutilmente un análisis crítico de la condición humana a partir del mundo que le rodea.
  
P.-¿Qué autores pueden haberte servido de inspiración al escribir Pangea?
R.-A mi me gusta hablar de tres bloques de autores. Por un lado los autores distópicos clásicos con Orwell, Huxley, Dick y Bradbury como referentes.
Por otro, aquellos categorizados como utópicos, con Tomas Moro y Campanella a la cabeza.
Y por último, aquellos escritores que de alguna manera han estado siempre conmigo, y que en cierta manera, este libro me sirve para homenajearlos; destaco principalmente a Frank Kafka (muy presente en toda la novela), y a H.P Lovecraft.

En el libro aparecen constantes guiños a algunas de las mejores obras de todos ellos, puesto que me propuse que Pangea fuese igualmente un homenaje a aquellos que me han hecho pasar tan gratos momentos. Aprovecho desde aquí para proponer al lector como juego la búsqueda de pequeños  detalles que me sirven para evocarlos. La Novela está llena de ellos.

8 de abril, Presentación Pangea de Adrian Tejeda, Librería Burma, Madrid, Calle Ave María 8, a las 19:30 h.

sábado, 15 de febrero de 2014

Entrevista a Félix Díaz, por la novela Titanes

P.-¿Por qué llevar el Accidente de los Andes a una novela de ciencia ficción?
R.-Desde que leí el libro "Viven", me cautivó la forma en que aquellos chicos asumieron las condiciones en las que estaban y como se adaptaron a ella, tomando decisiones muy duras de aceptar en otras circunstancias. Se me ocurrió llevar la historia a una novela; pero no puedo usar aquel suceso como tal, por razones evidentes, así que lo extrapolé a unas circunstancias equivalentes. Y como escribo sobre todo ciencia ficción, decidí que esas circunstancias estarían dentro de la ciencia ficción.

P.-¿Cómo es la superficie de Titán?
R.-El satélite Titán de Saturno tiene algunas características que recuerdan a nuestro planeta. Así, tiene ríos y lagos, como bien han demostrado las sondas Cassini y Huyggens. Eso sí, son ríos y lagos de etano y metano, porque la temperatura allí es del orden de los 150 grados bajo cero. Tiene una presión atmosférica mayor que la de nuestro planeta, pero el aire es nitrógeno y amoniaco, con algunos hidrocarburos, y nada de oxígeno. Si hay ríos, es de suponer que habrá algo parecido a la lluvia. Eso sí, siendo los mares y lagos de hidrocarburos líquidos, sería imposible para nosotros bañarnos en ellos.

P.-Suele decirse de la ciencia ficción que se da poca importancia a los personajes; ¿es así en Titanes?
R.-De ninguna manera. Las relaciones personales y los comportamientos de los personajes tienen más importancia que el ambiente extraño en que tienen lugar. Se trata de un grupo de seres humanos en unas circunstancias muy duras y que tienen sus errores y sus aciertos, con las consecuencias de sus decisiones.

P.-¿Por qué escribes ciencia ficción?
R.-Siempre me ha gustado escribir y leer. Además, me gusta la ciencia y mi educación ha sido ante todo científica. Así que si unimos ambos gustos, está claro: ciencia ficción, o ficción con una base de ciencia. Desde que leí un relato de Isaac Asimov se despertó en mí ese gusanillo, pues vi que era posible combinar la ficción novelada con una buena base de rigor científico.

P.-¿Calificarías Titanes de ciencia ficción rigurosa, "hard science fiction"? ¿Y otras de tus obras?
R.- Titanes es una obra rigurosa en lo que he podido lograr. He buscado información lo más rigurosa posible, aunque también he usado la imaginación allí donde no encontré datos (si hay errores, la culpa es del autor). En la mayoría de mis obras he tratado de ser lo más riguroso posible, porque para mí lo más importante es que sea creíble. No sé si lo habré conseguido en Titanes, pero es lo que espero.

Publicada en la Colección 2099 de Ciencia Ficción, de Ediciones Irreverentes

Entrevista a Mario Martín Gijón, por la "Un día en la vida del inmortal Mathieu"

P.- ¿Mathieu Beaujour, personaje de la novela, esconde alguna clave?
R.-Como dije en una ocasión, no puedo entender la escritura de ficción sino como una forma de dar voz a personajes ficticios que empiezan a hablarme. Empecé a escuchar a Mathieu Beaujour, a través del tiempo y del espacio, hacia finales de 2008, y supongo que empecé a oírle por un interés cada vez más acuciante por las mismas cosas que le ocupaban a él. Todos los avances biotecnológicos que se cumplen en el año 2070, en el que se sitúa Mathieu, han sido previstos desde hace años por científicos y pensadores como Raymond Kurzweil, Aubrey de Grey, Nick Bostrom o Allen Buchanan, del movimiento transhumanista, por desgracia aún poco conocido en nuestro país. El apellido del personaje, obviamente, puede referirse a su condición idealista y utópica, y su empeño por construir días mejores. No se refiere a ninguna persona de actualidad, si es a lo que te refieres.

P.-¿Cuál es la fórmula para que una novela fantástica funcione?
R.-No sé si esta novela funcionará o no, eso deberán decidirlo los lectores. De todas formas, creo que en este caso sería más apropiado hablar de novela prospectiva o futurista, que trata un desarrollo seguramente poco probable del mundo, pero más factible, sin duda, que los viajes en naves espaciales. El protagonista de mi novela dice en un momento: “Recuerdo con qué ingenuidad, hace más de un siglo, creíamos que nuestro futuro estaba en lejanos viajes interestelares (...) Pero los viajes más importantes, las expediciones más escalofriantes y los pasos más gigantescos para la humanidad fueron, por supuesto, los que se realizaron dentro de nosotros mismos”. Creo que en un intento como éste es preferible no pretender describir demasiado en detalle un futuro que siempre será imprevisible, dejar una zona de incertidumbre que cada lector pueda completar a su gusto.

 P.- ¿Cuáles son tus referentes literarios?
R.- Soy muy promiscuo literariamente y por otra parte nunca me he sentido parte de un grupo o corriente literaria. En este libro en concreto hay guiños a escritores como Michel Houellebecq, Ricardo Menéndez Salmón o J. G. Ballard, pero sin embargo creo que la influencia más decisiva en este libro han sido los ensayos predictivos de autores como los que mencioné antes. Por otra parte, la figura de Miguel de Unamuno está muy presente en la obra, pero desde una óptica que a mi entender le vuelve más actual que nunca.
  
P.- El tiempo es un elemento importante, ¿es una noción clara para ti, cómo defines el tiempo?
R.- Vaya, menuda pregunta, Astrida. ¿Lo es para alguien? Somos tiempo, no hay que haber leído a Heidegger para saberlo, y por eso cualquier modificación en nuestro lapso vital cambiaría nuestra óptica sobre muchas cosas. La radical longevidad de la que disfrutan los habitantes del mundo de Mathieu (quiero especificar que no son inmortales en sentido estricto, y probablemente nunca lo serán, aunque es el objetivo que persiguen, como lo persigue Kurzweil y otros) supondría una forma muy distinta de ver las cosas, desde el desarrollo de una carrera profesional hasta las relaciones personales. Mathieu Beaujour, como psicólogo y optimista que es, enfatiza los aspectos positivos, como el mayor tiempo que existe para disponer de otras oportunidades en la vida, pero también hay otros nada positivos.
P.- ¿Crees que el futuro del que nos habla la novela va a cumplirse?
R- No quise hacer de profeta, aunque me interesa señalar que los cambios más importantes de la vida en ese año 2070 son factibles y ya han sido realizados en parte. Otra cosa es que naturalmente quienes tienen los medios y el dinero para financiar la investigación en mejorar las condiciones de vida o alargar ésta prefieren emplearlo en otros fines. Es la tragedia del científico, depender casi siempre de seres con unos horizontes incomparablemente más estrechos y mezquinos. Cuando empecé a escribir esta novela no sufríamos una situación de crisis y decadencia política tan desesperanzadora. Con todo, la situación en la que viven los contemporáneos de Mathieu no es envidiable en muchos aspectos. Me interesaba describir un futuro posible y a la vez radicalmente distinto a nuestro presente. 


Entrevista a Pedro Pujante por "El absurdo fin de la realidad"

P.-¿Qué destacarías de El absurdo fin de la realidad?
R.-Es una novela distinta y original que, aunque parta de algunos presupuestos de la ciencia-ficción, viajes en el tiempo y visita extraterrestre incluidos, está teñida de ironía y sarcasmo, de humor y de mucha, mucha literatura. Es una antinovela de ciencia-ficción que se parodia a sí misma y que yo he transcrito de lo que RayBradbury y Borges me dictaban en mis estados de trance (Pedro Pujante se ríe).

P.- Al parecer el argumento ya da algunas de las claves para entenderla.
R.- Así es. Unos extraterrestres se disponen visitar un pueblo mediterráneo. Así que el escritor
oficial del pueblo prepara una especie de discurso de bienvenida. A medida que prepara el discurso habla y piensa en libros y autores, hace referencias a películas que le resultan interesantes, detalles pintorescos de Orentes, su pueblo y muchas otras anécdotas de lo más delirantes. Pero comienzan a ocurrir fenómenos extraños y la realidad empieza a deformarse. Bueno, creo que habrá que leer la novela para descubrir qué misterios y enigmas encierra.

P.-¿Y por qué incorpora una cita al inicio de cada secuencia, tienen algún sentido argumental?
R.-Las citas las he incorporado como una especie de títulos de los ‘capítulos’. A veces indican de qué se va a hablar en ellos, a veces no. Son un puro juego, y lejos de tratar de sentar cátedra o de dotar al libro de autoridad, solemnidad o extrema seriedad, están pensadas para lo contrario. Para reírme un poco del uso de las citas, que el lector las lea como un intertexto, son un guiño a él. Algunas son serias y reales. Otras son apócrifas (o no, el lector debería averiguarlo, es un juego y de eso tratan). Hay una que viene a decir lo siguiente: ‘Esta cita no sé por qué la he escrito, pero creo que quedará bien.’ El autor. Lo cual demuestra lo poco en serio que me he tomado el asunto de las citas y lo mucho que de divertimento hay en ellas.

P.- El libro ganó el  Primer Premio 451 de Novela de Ciencia Ficción de Novela que promueve Ediciones Irreverentes, ¿Qué ha supuesto para usted?
R.-Un premio como el de una editorial independiente tan destacada como Irreverentes ha sido para mí una alegría por varios motivos. Primero una felicidad porque es una editorial que admiro por su trabajo y por su búsqueda incesante de literatura de calidad, huyendo de lo comercial y de la basura, que apuesta por los autores jóvenes y que también ha publicado a escritores admirados por mí como Bradbury, Paco Umbral o incluso Pirandello. Y también porque me ha permitido poder dar a conocer mi novela, algo que hoy día es bastante difícil para los escritores que no aparecemos en tertulias televisivas o escribimos novela histórica.

P.- He leído a un crítico escribir que la novela es ‘lúdica y a contracorriente’. ¿Está de acuerdo con tal calificación?
R.-Los críticos casi siempre se equivocan, aunque esta vez estoy totalmente de acuerdo. Es un artefacto lúdico que trata de provocar risas pero también ideas, pensamientos, reflexiones. Y también tiene una clara vocación de ‘irreverente’, de subversivo. Estoy muy contento con las críticas que ha suscitado y al contrario de lo que pensaba está llegando a  mucha gente. Algunos lectores me han escrito desde Canadá para interesarse por el libro y sé que alguien de Turquía se ha hecho con un ejemplar.